Pedro y Paulo cumplieron un sueño que tenía nombre y apellido: “Roger
Federer”. El alto costo de la entrada, que alejó de la cita a
muchísimas personas más fanáticas que ellos, no imposibilitó que pudieran
disfrutar de un evento único, valía el esfuerzo. La llegada de un deportista
top, a la par de estrellas actuales como Tiger Woods, Leonel Messi y Usain
Bolt, no hará a ese 13 de diciembre una jornada más. Sin dudas formará parte
del anecdotario de sus vidas como pocas cosas. Pudieron disfrutar al rey del
tenis, el mismo que si no hubiese existido Pete Sampras, sería el “único” mejor
de todos.
Uno faltó a su trabajo; el otro acomodó horarios para retirarse antes.
El viaje los depositaría en la platea media B, asientos 53 y 55. Ante este
evento de magnitud, la tranquilidad solo llegaría cuando ocuparan sus plateas.
Antes, una mezcla de nerviosismo e impaciencia para ver a la excelencia en
persona, dentro y fuera de los courts.
La autopista Rosario-Buenos Aires los llevó hasta la ciudad anfitriona.
“Ahora entiendo por qué Massa ganó tan fácil la elección”, fue un
comentario elogioso a la belleza de sus calles. A los pocos minutos y después
de un par de “recalculando” dispuesto por el GPS, divisaron el “Pipa
Tigre”: “guaaauuuu” exclamaron a dúo.
Estacionar el vehículo no fue como pensaron, la suerte acompañó y a
escasos metros del estadio descansó en el Mercado de Frutos. Misma fortuna al
momento del ingreso al predio, cuando fueron últimos en la fila se habilitaba
la puerta. A pocos pasos de los controles de entrada, con lector de barras para
eliminar posibilidad de cartones falsos, una pesada mano arrancó la botella de
agua que llevaban: “prohibido entrar con bebida y comida al predio”, se
escuchó desde una voz potente.
Ya adentro desfundaron la cámara, no serían originales pero igual
pidieron a una mujer que haga de fotógrafa y estamparon allí el primer recuerdo
digital: ellos dos con el imponente estadio detrás. En el gran playón había
juegos recreativos y varios stand promocionales de las firmas auspiciantes. No
se detuvieron en ninguno, querían llegar a sus butacas, recién ahí respirarían
aliviados. En menos de tres minutos y tras preguntar a dos asistentes, lo
lograron.
Desde las tribunas aún semi desiertas salían las primeras ovaciones de
la tarde: Guillermo Vilas y José Luis Clerc se disponían a su exhibición. El
revés del mejor tenista argentino de la historia, y el saque y algunas
intervenciones de showman de Batata, se destacaron en el único set que
disputaron.
Faltaba menos para el gran momento, tiempo suficiente para que Pedro y
Paulo coincidieran en que el sonido era deficiente. El número de tango con
Valeria Archimó sumó puntos al evento, no así el Himno Nacional entonado por
Cacho Castaña; semejante acontecimiento merecía una mejor voz e interpretación,
“o si no alguien que transmita más sentimiento” pensó uno de ellos.
La animación de Jorge Rial no estuvo a la altura de quien según para
Pedro es “de los mejores entrevistadores de Argentina”. Los videos
en pequeñas, muy pequeñas pantallas solo recibían aplausos al distinguirse las
caras de Luciana Aymar, Diego Maradona, Gabriela Sabatini y Emanuel Ginóbili,
el más reconocido por las 20 mil personas que ya esperaban el partido.
No hizo falta demasiada presentación; primero entró Del Potro y se
acomodó en su silla. Luego Roger y un aluvión de gritos se oyeron. Desde el
primer punto los protagonistas dejaron claro que poco lugar habría para
“jueguitos”; se enfrentarían a ritmo habitual de competencias oficiales y así
lo agradecieron todos.
El match tuvo algo raro, pocas veces repetible y que permitió
disfrutarlo aún más. No había rival, no había enemigo, todos eran hinchas de
los dos, los puntos se festejaban por igual, sean del argentino o del suizo. La
mayor ovación para el tandilense fue un passing de derecha a la carrera; la que
más se celebró del siete veces ganador en Winbledom fue una acción con doble
“Gran Willy” que hizo poner de pie por enésima vez al estadio.
El primer set se fue rápido. El segundo fue algo más emotivo. En ambos, varias
veces se bajaron carcajadas de los presentes por gritos en momentos de
silencios.“Pegale como te enseñe”, “Haceme un hijo”, “Nacionalizate
argentino”, recibió Roger. “Tranquilo Delpo, que no ganó nada”,
“Tirale con top que no llega nunca”, “Jugá la Davis”, fueron para Juan
Martín. La máxima y después de un brillante punto jugado por ambos: “Marín,
devolvé la plata”, en alusión al empresario organizador.
La exhibición había terminado. No hizo falta que Pedro y Paulo se
dijeran algo, ambos sabían que permanecerían en sus asientos hasta que la
casaca azul de Federer se viera en el court. Después de eso sí pudieron partir,
envueltos en placer, sabiendo que en un par de años tendrán historia para
contar a sus sobrinos, amigos e hijos. Roger Federer visitó Argentina, y ellos
estuvieron ahí.
César Negri
El mejor punto del partido es buena recomendación para este texto: http://canchallena.lanacion.com.ar/1536922-el-punto-para-el-recuerdo-de-delpo-federer

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