A quién simpatiza con Racing sí o sí le tiene
que gustar el fútbol. Hagamos una diferencia, no caigamos en esa antinomia
sobre qué significa “el fútbol que le gusta a la gente” porque no sirve para
nada ni es motivo de esta columna. Preguntarse qué lleva a adorar esos colores
sin motivos racionales ni de conveniencia como si podemos tener los seguidores
de Boca o River, acostumbrados a los éxitos deportivos a lo largo de su
historia, nos hará pensar un poco más. No busque en este texto líneas con mucho
sentimiento, difícil me es transmitirlo, sobre todo cuando la idea es otra.
Primero quiero hacer una consideración sobre
la “doble moral” al hablar del amor hacia algo o alguien. Por lo general, todos
los hinchas no eligen con quien simpatizar; reciben un mandato familiar y lo
respetan toda su vida. Que yo sea hincha de Boca es meramente fortuito, podría
haber sido de River, Independiente o Rosario Central si mi viejo lo era de
estos. Es decir, ese “amor” incondicional sería respetar una orden, o sumirse a
los mandatos similares a cuando los padres seleccionaban los esposos de sus hijas,
hace un siglo nomás.
La hipocresía masculina avanza hasta “morir
siendo de tal o cual equipo porque los colores no se cambian”, pero muchas
veces las acciones contra sus mujeres involucran malos tratos, infidelidades y
falta de respeto.
Dicho esto debo agregar que mi mayor respeto
va hacia los hinchas de clubes denominados chicos; no existe entre ellos
vínculos por intereses triunfalistas. Muchos incluso, ni saben lo que es
campeonar, sus mayores satisfacciones pasan por vencer a los grandes, a su
clásico rival y demostrar que ganar no es el único premio.
Por el contrario, los que cuentan con más
seguidores tienen varias competencias al mismo tiempo, siempre relacionadas a
“a quién la tiene más grande”: la bandera, la cancha, las vitrinas, número de
socios y demás. Vale más la derrota de un tercero que la victoria propia.
Racing es, como ningún otro, un fiel reflejo
de Argentina como país con sus momentos de penas y estrellato, todo y todos
dentro de uno mismo. La Academia muestra su Intercontinental y Supercopa antes
que el resto, pero también que alguna vez alquiló su equipo para el Regional 86
por necesidad económica. Fue la primera institución que su plantel la formó
íntegramente por criollos; asimismo en su currículum exhibe convocatoria de
acreedores, quiebra y fideicomiso.
Su tricampeonato, récord de partidos invictos
y hasta el recordado gol del “Chango Cárdenas” se contraponen con el descenso
en 1983. Su extensísima lista de entrenadores, líricos y obsesivos, que
desfilaron por él sin lograr el objetivo, chocan con otros que siempre pusieron
la camiseta por sobre mejores ofertas; me viene a la mente Claudio Úbeda que se
bancó los peores años. Decir con orgullo que su Cilindro de Avellaneda lleva el
nombre de “Presidente Perón”, contrasta con locuras exorcistas de su cancha con
el pastor Giménez.
La recordada frase de la síndico Liliana
Rippoll: “Racing Club Asociación Civil ha
dejado de existir”, recibe como respuesta el salvataje que hinchas
hicieron al remate de su sede de Villa del Parque. El ser dirigido por Maradona
se confronta con el propio fallido paso del más grande.
Sus 35 años de pésimas cosechas, sus más de
cincuenta torneos sin título de campeón, engrandece como pocas cosas el colmar
su estadio para defender al club de la quiebra, y como si fuera poco, llenar
dos canchas al mismo tiempo aquel año en que el país se incendiaba por su
crisis política y económica.
La Academia Racing Club, la misma que brilló
en la época amateur, la de Juan José Pizzuti, la de Mostaza Merlo, sus
“cuernitos” y su estatua, la del “Coco” Basile, Cejas, Corbatta, Rubén Paz, la
que cada seis meses renovaba esperanzas sin ser correspondidas. Esa, la que sus
hinchas sabrán mucho más que quien escribe esto, recordará por estos días el 27
de diciembre de 2001 porque los viejos títulos no se festejan; lo que sí puede
festejarse y diferenciarte del resto como club, es la pasión de la hinchada que
con música de marcha peronista suena mucho mejor: “En el este, en el oeste, en el norte y en el sur, brillará blanca y
celeste, la Academia Racing Club…”.
César Negri
La Web nos permite encontrar este video con
el “¿Qué pasó?” http://www.youtube.com/watch?v=hrREjt3O-KA
También recomiendo un muy
buen texto de Martín Caparrós para Diario Olé: “Las grietas nacionales” http://www.ole.com.ar/blogs/de_la_cabeza/grietas-nacionales_7_815988398.html


