sábado, 29 de diciembre de 2012

Truco vs. Play, ¿último round?


“–Real envido. –Quiero 22. –Son buenas.” Una catarata de improperios le continúa a ese diálogo de parte del compañero perdedor; carcajadas hasta el llanto desde el dueto ganador. Esta y muchas otras historias, se tejen durante una partida de truco cuando cuatro amigos se sientan en una mesa ambientada con aperitivos y picada, reparten cartas, separan porotos para el tanteador y comienzan un juego de mentiras, engaños, actuaciones, competencia e insinuaciones; parte de la vida misma.

No hay que renegar de los avances tecnológicos, lo ideal es aprenderlos, comprenderlos y utilizarlos en su medida justa. Los cambios culturales que estos traen calan profundo en las nuevas generaciones, aunque muchos de ellos también han sido adquiridos por los “+30+40”. El arribo de la PlayStation permite al sexo masculino no extrañar lo que nunca fue, un habilidoso jugador de fútbol por ejemplo, ni necesitar que sus hijos deban cumplir con ese fracaso. Resulta muy atractiva la posibilidad que brindan juegos como FIFA y PES de crear más fantasías que el propio Cristiano Ronaldo, ser tan goleador como Messi, superar en vallas invictas a Buffon y transformar a un Garcé en el mejor Franco Baresi –perdón Ariel, pero como “te banco” merecés ser citado entre tantas estrellas–.

Atrás quedaron Atari Crece y el Pac-Mán de la década del 70; diez años después el Donkey Kong donde un fontanero debía rescatar a su bella novia de las garras de un gorila,  el Bomberman, el Tetris y Arkanoid donde con solo una barra y una bola se tenía que eliminar una construcción de ladrillos.

Ya en los 90 con la llegada de la consola Super Famicom muchos juegos se sumaron. La vedette fue el Street Fighter, el cual nunca me simpatizó pero igual llegué a conocer su golpe “hadouken” llevando la palanca a la izquierda para luego hacer un medio círculo, apretar el botón y que salga una bola de fuego o nieve, ¡o algo!

Sobre esos años dos grandes recuerdos tengo. Las interminables tardes en casa de Joaquín, donde la variedad de “cartuchos” permitían cambiarlos cuando nos cansábamos de uno. Graciela, su mamá, y “Pacri”, su abuela, se turnaban para preparar las chocolatadas frías antes de que llegue del trabajo Emilio, hora en que la recreación seguía en el patio. Mi memoria me lleva a la segunda anécdota: anotar 7 pesos de fichas en la sala de máquinas de “Agapito”, luego acompañar a un vendedor de cigarrillos de una empresa cañadense, cobrar mismo importe por la tarea, pagar esa deuda y generar una nueva cuenta corriente hasta el día siguiente. Fantoches de chocolate con coca cola era la compañía de esas tardes, donde en alguna oportunidad –¡Sergio, al pasar diez años y haber prescripto el delito puedo reconocerlo¡–, empujamos con Renzo la “cascada” para ganar créditos gratis.

En los encuentros de amigos tres juegos de cartas se destacan por excelencia. La mosca es el más “livianito”; el póker que únicamente se transforma en atractivo cuando existen apuestas, por lo tanto pierde su lado lúdico; y el mencionado truco.

Este, como ningún otro permite jugarlo sin extraerse del mundo que nos rodea. Entre mano y mano es común hablar de otras cosas, fútbol, mujeres, televisión, política, trabajo. El “pasar engrasado” o “ir a la pesca” y aprovecharse de ello, genera las mejores sensaciones. Recordar que “afuera está fresco” pasando la mitad de la partida es el chiste recurrente. Cantar la “falta envido y truco” cuando el rival está a punto de ganar achica a la otra pareja como pocas cosas. Los “vení”,“¿puedo ir?” y “yo te acompaño” muestran la solidaridad del equipo. “Una más arriba” y “dos más abajo” anticipa qué carta nos quedará para tercera. El “matá que lo que cuesta vale” en primera, significa pelear la última mano con un rey, caballo o sota. Son innumerables los latiguillos como estos que pueden agregarse a la lista; usted seguro estará pensando otros.

Entre los de corta edad en que el ritual del “asado” comienza a ser una novedad, la Play ha ganado por KO. Aquellos que pasan los 20, la victoria se la está llevando por puntos. Los que suman tres décadas, incluso los treinta y diez, el truco pareciera haberse quedado sin resto físico. Que no muera dependerá de nosotros, porque sería una pena que a nuestros nietos cuando nos pregunten sobre “qué es eso del truco”, en lugar de buscar en libros de historia podamos gritarle “quiero retruco”.


César Negri
”Bingo” de Martín Caparros enumera del 0 al 99 buenos textos que dan cuenta de su visión del mundo y cultura, con tono irónico y original. El “32” para este caso.

Federer en vivo


Pedro y Paulo cumplieron un sueño que tenía nombre y apellido: “Roger Federer”. El alto costo de la entrada, que alejó de la cita a muchísimas personas más fanáticas que ellos, no imposibilitó que pudieran disfrutar de un evento único, valía el esfuerzo. La llegada de un deportista top, a la par de estrellas actuales como Tiger Woods, Leonel Messi y Usain Bolt, no hará a ese 13 de diciembre una jornada más. Sin dudas formará parte del anecdotario de sus vidas como pocas cosas. Pudieron disfrutar al rey del tenis, el mismo que si no hubiese existido Pete Sampras, sería el “único” mejor de todos.

Uno faltó a su trabajo; el otro acomodó horarios para retirarse antes. El viaje los depositaría en la platea media B, asientos 53 y 55. Ante este evento de magnitud, la tranquilidad solo llegaría cuando ocuparan sus plateas. Antes, una mezcla de nerviosismo e impaciencia para ver a la excelencia en persona, dentro y fuera de los courts.

La autopista Rosario-Buenos Aires los llevó hasta la ciudad anfitriona. “Ahora entiendo por qué Massa ganó tan fácil la elección”, fue un comentario elogioso a la belleza de sus calles. A los pocos minutos y después de un par de “recalculando” dispuesto por el GPS,  divisaron el “Pipa Tigre”: “guaaauuuu” exclamaron a dúo.

Estacionar el vehículo no fue como pensaron, la suerte acompañó y a escasos metros del estadio descansó en el Mercado de Frutos. Misma fortuna al momento del ingreso al predio, cuando fueron últimos en la fila se habilitaba la puerta. A pocos pasos de los controles de entrada, con lector de barras para eliminar posibilidad de cartones falsos, una pesada mano arrancó la botella de agua que llevaban: “prohibido entrar con bebida y comida al predio”, se escuchó desde una voz potente.

Ya adentro desfundaron la cámara, no serían originales pero igual pidieron a una mujer que haga de fotógrafa y estamparon allí el primer recuerdo digital: ellos dos con el imponente estadio detrás. En el gran playón había juegos recreativos y varios stand promocionales de las firmas auspiciantes. No se detuvieron en ninguno, querían llegar a sus butacas, recién ahí respirarían aliviados. En menos de tres minutos y tras preguntar a dos asistentes, lo lograron.

Desde las tribunas aún semi desiertas salían las primeras ovaciones de la tarde: Guillermo Vilas y José Luis Clerc se disponían a su exhibición. El revés del mejor tenista argentino de la historia, y el saque y algunas intervenciones de showman de Batata, se destacaron en el único set que disputaron.

Faltaba menos para el gran momento, tiempo suficiente para que Pedro y Paulo coincidieran en que el sonido era deficiente. El número de tango con Valeria Archimó sumó puntos al evento, no así el Himno Nacional entonado por Cacho Castaña; semejante acontecimiento merecía una mejor voz e interpretación, “o si no alguien que transmita más sentimiento” pensó uno de ellos.

La animación de Jorge Rial no estuvo a la altura de quien según para Pedro es “de los mejores entrevistadores de Argentina”. Los videos en pequeñas, muy pequeñas pantallas solo recibían aplausos al distinguirse las caras de Luciana Aymar, Diego Maradona, Gabriela Sabatini y Emanuel Ginóbili, el más reconocido por las 20 mil personas que ya esperaban el partido.

No hizo falta demasiada presentación; primero entró Del Potro y se acomodó en su silla. Luego Roger y un aluvión de gritos se oyeron. Desde el primer punto los protagonistas dejaron claro que poco lugar habría para “jueguitos”; se enfrentarían a ritmo habitual de competencias oficiales y así lo agradecieron todos.

El match tuvo algo raro, pocas veces repetible y que permitió disfrutarlo aún más. No había rival, no había enemigo, todos eran hinchas de los dos, los puntos se festejaban por igual, sean del argentino o del suizo. La mayor ovación para el tandilense fue un passing de derecha a la carrera; la que más se celebró del siete veces ganador en Winbledom fue una acción con doble “Gran Willy” que hizo poner de pie por enésima vez al estadio.

El primer set se fue rápido. El segundo fue algo más emotivo. En ambos, varias veces se bajaron carcajadas de los presentes por gritos en momentos de silencios.“Pegale como te enseñe”, “Haceme un hijo”, “Nacionalizate argentino”, recibió Roger. “Tranquilo Delpo, que no ganó nada”, “Tirale con top que no llega nunca”, “Jugá la Davis”, fueron para Juan Martín. La máxima y después de un brillante punto jugado por ambos: “Marín, devolvé la plata”, en alusión al empresario organizador.

La exhibición había terminado. No hizo falta que Pedro y Paulo se dijeran algo, ambos sabían que permanecerían en sus asientos hasta que la casaca azul de Federer se viera en el court. Después de eso sí pudieron partir, envueltos en placer, sabiendo que en un par de años tendrán historia para contar a sus sobrinos, amigos e hijos. Roger Federer visitó Argentina, y ellos estuvieron ahí.


César Negri
El mejor punto del partido es buena recomendación para este texto: http://canchallena.lanacion.com.ar/1536922-el-punto-para-el-recuerdo-de-delpo-federer