El 9 de noviembre de 2002 la ciudad amanecía con una desafortunada noticia:
fallecía a los 63 años Juan Carlos Plá. Dueño de una inventiva única era
titular de Plá SA, empresa que ya exportaba pulverizadoras y sembradoras a
algunos países de Sudamérica, comenzaba su incursión europea; y África, quizás,
ni en los planes estaba. Al cumplirse el segundo aniversario de su muerte
escribí unas líneas sobre él; hoy quiero compartirlas sin necesidad de
modificar ni una coma porque para quien suscribe, decir en Las Rosas Plá, es
decir simplemente Juan Carlos.
JUAN CARLOS PLÁ
Sería irrespetuoso y hasta falso querer resumir la vida de Juan Carlos Plá
contando vivencias en común entre el empresario y este joven. Debo reconocer,
principalmente por mi corta edad y diferencia generacional, que nunca llegué a
ser amigo, solo un conocido que llevaba a “hola, chau y cómo anda” en cada
cruce por alguna calle de la ciudad.
Por esos días conocía más de la empresa que de su propio titular, casi a la
perfección los avances tecnológicos y nuevos productos que pintaban de color
rosense cada rincón del país, mucho de los comienzos y su pasión por los
“fierros” junto con su hermano Víctor Hugo. Sabía de las innumerables
distinciones que recibía permanentemente, de su experiencia brasilera, de su
defensa por la siembra directa, del pequeño taller con el que arrancó “esta
gran familia” como solía definir a su industria.
Todo esto generaba en mí una profunda barrera creyendo que ese hombre tan
capaz, tan imaginativo y “gran innovador”, título que se ganó en el sector de
la metalmecánica, sería una persona difícil de acceder.
Pero allí el mayor asombro cuando pude comprobar la inmensa cantidad de
amigos que arribaron a Las Rosas para darle el último adiós. Muchísimos autos y
cientos de amistades escoltaron su féretro desde la iglesia hasta el cementerio
donde hoy descansa con un previo paso por sus fábricas de calles Santa Fe y
Ruta 178 que él mismo dio vida, acompañó en sus primeros pasos, levantó ante
cada tropiezo y llenó de hijos rosenses los talleres y oficinas.
Desde ese 9 de noviembre de 2002 comencé a preguntar quién era realmente
ese hijo chacarero de Miguel y Elvira que nunca negaba un apoyo a las escuelas
e instituciones, y que siempre decía presente ante cada evento en la localidad.
Mentiría si dijera que alguna vez recibí siquiera una duda sobre la
honestidad de Juan Carlos, sobre su condición de buena persona, de gran amigo y
“uno más” en cada charla de bar. Hubo algo que ayudó a convencerme sobre cómo
era el esposo de “Chiche”. Más allá de su condición económica producto de lo
que años atrás eran solo sueños, jamás dejaba de responder un saludo. Podía
estar luchando por su fábrica ante un importante político de turno y a los
cinco minutos dialogar largo rato con un quiosquero, un mozo o un docente.
La responsabilidad de Plá SA ahora recae en Miguel Ángel y Marisa, ellos
deberán seguir el camino empezado y marcado hace más de 25 años. Además de
demostrar un talento similar al de su padre para manejar una empresa que hoy no
tiene fronteras, podrán decir a sus hijos sin temor a equivocarse lo grande que
fue Juan Carlos Plá.
César Negri (Archivo
10 de noviembre de 2004)
Defensor a ultranza de la siembra directa por lo que cada uno de sus
productos era pensado para anticiparse a las necesidades del mercado, todas las
distinciones recibidas fueron por la excelencia industrial y novedades
tecnológicas. Sus tareas las perfeccionó desde el primer día que instaló un
pequeño taller mecánico donde comenzó produciendo arados de cinceles,
elevadores de cereal y desmalezadoras.
Cualquier texto sería breve para sintetizar su vida. La visión de futuro lo
llevó a adelantarse en el tiempo y fabricar pulverizadoras autopropulsadas que
con el permanente desarrollo logró manejarla con pilotos automáticos. También
trabajó en la elaboración de sembradoras hasta lograr el propio autotrailler
con el objetivo de poner fin al problemático traslado en ruta de esas unidades.
Juan Carlos Plá será siempre recordado como un buen hijo, un mejor padre,
un gran amigo de sus amigos, por su entusiasmo y pasión, por su fábrica, por la
industria, por el sector agropecuario, por sobre todas las cosas, por
Argentina.
César Negri
El uruguayo Mario Benedetti escribió “No te rindas”; vale leer esta poesía.
NO TE RINDAS
No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el
deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es
cierto.
Porque no hay heridas que no cure el
tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te
protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el
viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor
momento.
Porque no estás solo, porque yo te
quiero

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