Mucho se escuchó últimamente del 7D, que no es ni más ni menos que el 7 de
diciembre, fecha que toma el gobierno nacional como límite para que los grupos
mediáticos concentrados deban desinvertir y adecuarse a una ley votada por
amplia mayoría en el Congreso Nacional hace 3 años. Del otro lado, el
Grupo Clarín, el mayor perjudicado, interpreta que nada cambiará desde ese día
y que sigue sin resolverse su presentación ante la justicia para declarar
inconstitucional el Artículo 161 de la mencionada legislación. ¿En el medio?,
el pueblo, que se manifiesta por “K” o por “C” según se ame u odie al primero
de ellos.
Entrar en “tecnicismos” sobre qué dijo la Corte Suprema en su fallo es
querer discutir “el huevo o la gallina”, y nada se resolverá de acá a ese
viernes 7. Abogados, magistrados, constitucionalistas, de los dos bandos se
conseguirán para que digan lo que ellos quieren escuchar; sin embargo hay
algunas consideraciones que me gustaría hacer.
Hasta que Néstor Kirchner decidió romper con el Grupo Clarín (otro día
podemos ampliar sobre el motivo, pero fue él quien dijo “ya no somos amigos”)
la relación era de lo más afectuosa. Mientras el multimedio apaciguaba los
problemas y era el micrófono para dar primicias económicas o realizar
operaciones de prensa, el santacruceño no solo tapaba sus ojos para beneficiar
al holding, sino que además con su firma avalaba esos negocios: fusión
Cablevisión-Multicanal.
Esta estrategia a Clarín siempre le resultó útil. Papel Prensa la obtuvo en
plena dictadura militar, radio Mitre durante la presidencia de Alfonsín y Canal
13 con Menem. Como algunos “peronistas”, el grupo supo estar con todos, con
“botas y votos”.
En esta batalla no se resuelven cuestiones ideológicas o la tan repetida
“libertad de prensa”: es una pelea de poder, de negocios, económica. A los
medios monopólicos poco les interesa esa cuestión, es más, en muchos casos no
les conviene. Sí hay que distinguir a muchos (o algunos) periodistas que
pretenden tener algo de facultades para expresar sus ideas y opiniones, siempre
dentro de unos parámetros posibles. Por ello que este grupo no tiene fines
periodísticos, sino comerciales. Y dicho esto hay que repetir, no así
comunicadores que hacen su trabajo desde la honestidad.
Del otro lado, el gobierno lejos está de crear más pluralidad, como dijo
Pablo Marchetti, editor de la revista Barcelona, “apela a crear Klarinismo”; lo
mismo que antes del 2008 pero en otras manos. También vale recordar, políticos
oficialistas, opositores, incluso muchas personas prestigiosas han apoyado la
nueva ley audiovisual por el fin con la que se la promocionó.
Previo a que llegue el 7, hay que citar con qué armas cuentan cada uno. El
Estado con una ley de la democracia, el gobierno con un 54% de apoyo en las
urnas y el Grupo Clarín con el restante 46% y un grupo de periodistas que hay
que diferenciarlos: empleados obedientes (Bonelli, Blanck) y otros muy
respetados (Tenembaum, Zlotogwiazda) que con su trayectoria avalan sus
comportamientos. Jorge Lanata, creador del recordado ciclo periodístico “Día D”
(con el que empecé a ver programas políticos), al igual que “DDT” y “PPT”,
sintetiza la unión de ambos. Sin caer en el facilismo de las contradicciones,
porque del otro lado habrá tantas o más, solo tomaré una frase del fundador de
Página 12: “Es bueno que la gente se haya
dado cuenta que los medios no son inocentes, que existe el entre texto”.
Haré dos últimos comentarios personales sobre el tema. Primero considero
que la ley debe aplicarse íntegramente como fue votada por el Congreso; vale
recordar, el mismo que por ejemplo le dijo “No” a la famosa 125. Después
mejorarse si es necesario.
Cierro con mi intuición, ella me dice que la Decisión andará por carriles
económicos. Bill Clinton apuntó hace años: “Es la economía, estúpido”. Así como
para la mayoría de nosotros no está entre los temas prioritarios, el respaldo
que desean los afectados es el apoyo de la sociedad. Argentinos con trabajo y
plata en el bolsillo para satisfacer necesidades inclinará la balanza hacia un
lado; por el contrario, país en recesión o incluso con otro presidente
permitirá que nuestros temas de conversación del día a día (frío, calor, dólar,
fútbol, alegrías, tristezas, “buenos y malos”) dependan de otro y nunca serán los
que realmente nos importen. Al final del camino se sabe, la Justicia pocas
veces va contra la opinión pública. Antes, ruido, mucho, mucho ruido.
César Negri
Joaquín Sabina entona muy bien “Ruido”: “…ruido de amenazas,
ruido de abogados, ruido envenenado, ruido platos rotos, ruido años perdidos,
ruido escandaloso, tanto ruido y al final, por fin el fin, porque todos los
finales son el mismo repetido…” http://www.youtube.com/watch?v=CEUTsrAbLHE

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