Mi relación con Dios no es de las mejores.
Debo reconocer que así como yo no hice demasiado para acercarme, Él tampoco me
dio razones para abrazarlo. Seguramente hay dos motivos que no han logrado
unirnos: muchos de sus “representantes” ante los mortales y la falta de una
situación límite personal, de salud quizás, en la que deba rendirme ante su
ayuda. Digo situación límite personal porque sí las han vivido familiares
cercanos y ni así pude hacerme amigo; egoísmo puro el mío me acusarán. Más allá
de esto, siento gran respeto, y hasta envidia diría, por aquellas personas que
creen y obran de acuerdo a sus mandamientos, sabiendo incluso que muchas de
ellas se sienten ofendidas y perciben como seres incompletos a los que ejercen
la visión contraria.
La desgracia que golpeó a una pareja famosa
con la muerte de su niña de seis años, permite como mínimo dudar de su obra. No
quiero ser “comercial” y centrarme en ese hecho particular, ya que en nuestras
ciudades muchos casos de dolor similar hemos soportado. Igual, la tan repetida
y famosa frase de los últimos días “Si sucede, conviene”, que intenta servir de respuesta ante
los problemas, no hace más que provocar rechazo ante quienes la pronuncian.
Pueden entenderla como una chicana si
quieren, pueden pensarla como oportunista si les da la gana, pero qué razón
tendría Dios para arrancarnos día a día a seres indefensos, que no han tenido
la posibilidad de conocer la vida, ni tiempo para equivocarse, para aprender,
para querer, para perdonar. ¿Qué quiere decir Dios cuando “nos pone” ante estas
tragedias? Un pastor norteamericano, Phillips Brooks, dijo alguna vez algo así
como que no había que pedirle una carga acorde a nuestros hombros, sino hombros
aptos para soportar esas cargas. Discúlpenme, pero preferiría que si esas cosas
dependieran de Él, nos haga la vida más sencilla, menos dolorosa. No quisiera
aprender a hacerme fuerte ante ese tipo de dolor, optaría por disfrutar
momentos con esos seres queridos que nos arrancan.
Todas estas situaciones por las que debemos
pasar me hacen confirmar mis dudas (si es que alguna me queda), y a pesar de
que muchos fanáticos podrán creerme insolente, voy a tomar unas líneas del
escritor uruguayo Mario Benedetti: “Yo no sé si Dios existe, pero si existe, sé que no
le va a molestar mi duda”. Por eso, no nos ataquen a los que
pensamos así; Él no lo haría jamás.
Seguramente existirán respuestas para las
anteriores consultas y otras planteadas con más altura, podrán entenderse, o
intentar hacerlo. Sin embargo, para no cerrar el debate y fanatizarse con una u
otra postura tomemos a Ernesto Sábato cuando alimentó la polémica diciendo: “Dios existe pero a veces duerme, y sus pesadillas son nuestra
existencia”. Pensemos que no solo duerme y que entonces muchas
cosas suceden “cuando Dios se toma vacaciones”.
César Negri
En este video, Darío Sztajnszrajber –docente
de filosofía y conductor de Mentira la verdad por Canal Encuentro- aporta
una brillante mirada: “Reinterpretando a Dios”.
http://www.youtube.com/watch?v=AKcQFJ_VctM