miércoles, 3 de octubre de 2012

Cuando Dios se toma vacaciones



Mi relación con Dios no es de las mejores. Debo reconocer que así como yo no hice demasiado para acercarme, Él tampoco me dio razones para abrazarlo. Seguramente hay dos motivos que no han logrado unirnos: muchos de sus “representantes” ante los mortales y la falta de una situación límite personal, de salud quizás, en la que deba rendirme ante su ayuda. Digo situación límite personal porque sí las han vivido familiares cercanos y ni así pude hacerme amigo; egoísmo puro el mío me acusarán. Más allá de esto, siento gran respeto, y hasta envidia diría, por aquellas personas que creen y obran de acuerdo a sus mandamientos, sabiendo incluso que muchas de ellas se sienten ofendidas y perciben como seres incompletos a los que ejercen la visión contraria.

La desgracia que golpeó a una pareja famosa con la muerte de su niña de seis años, permite como mínimo dudar de su obra. No quiero ser “comercial” y centrarme en ese hecho particular, ya que en nuestras ciudades muchos casos de dolor similar hemos soportado. Igual, la tan repetida y famosa frase de los últimos días “Si sucede, conviene”, que intenta servir de respuesta ante los problemas, no hace más que provocar rechazo ante quienes la pronuncian.

Pueden entenderla como una chicana si quieren, pueden pensarla como oportunista si les da la gana, pero qué razón tendría Dios para arrancarnos día a día a seres indefensos, que no han tenido la posibilidad de conocer la vida, ni tiempo para equivocarse, para aprender, para querer, para perdonar. ¿Qué quiere decir Dios cuando “nos pone” ante estas tragedias? Un pastor norteamericano, Phillips Brooks, dijo alguna vez algo así como que no había que pedirle una carga acorde a nuestros hombros, sino hombros aptos para soportar esas cargas. Discúlpenme, pero preferiría que si esas cosas dependieran de Él, nos haga la vida más sencilla, menos dolorosa. No quisiera aprender a hacerme fuerte ante ese tipo de dolor, optaría por disfrutar momentos con esos seres queridos que nos arrancan.

Todas estas situaciones por las que debemos pasar me hacen confirmar mis dudas (si es que alguna me queda), y a pesar de que muchos fanáticos podrán creerme insolente, voy a tomar unas líneas del escritor uruguayo Mario Benedetti: “Yo no sé si Dios existe, pero si existe, sé que no le va a molestar mi duda”. Por eso, no nos ataquen a los que pensamos así; Él no lo haría jamás.

Seguramente existirán respuestas para las anteriores consultas y otras planteadas con más altura, podrán entenderse, o intentar hacerlo. Sin embargo, para no cerrar el debate y fanatizarse con una u otra postura tomemos a Ernesto Sábato cuando alimentó la polémica diciendo: “Dios existe pero a veces duerme, y sus pesadillas son nuestra existencia”. Pensemos que no solo duerme y que entonces muchas cosas suceden “cuando Dios se toma vacaciones”.

César Negri
En este video, Darío Sztajnszrajber –docente de filosofía y conductor de Mentira la verdad por Canal Encuentro-  aporta una brillante mirada: “Reinterpretando a Dios”. http://www.youtube.com/watch?v=AKcQFJ_VctM

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