Martes 6 de octubre de 2009. Adrián recorría
el país en uno de sus tantos viajes para solucionar un problema junto con
“Colo”, su compañero de entonces. Lo esperaba la ciudad bonaerense de Balcarce
y para estar a tiempo, había dejado Las Rosas de madrugada. La autopista
Rosario-Buenos Aires iba a llevarlo hasta la ruta 51. Pero antes debía
detenerse obligadamente en un peaje, y luego hacer lo mismo pocos metros más
allá en una estación de servicios Shell. De los tres surtidores, el de la
derecha estaba ocupado por una Traffic; eligió entonces parar su Toyota 2003 al
lado. Pasaron apenas unos minutos cuando una imponente camioneta negra
carrozada, distinta a la que estamos acostumbrados a ver por nuestra zona,
detuvo su marcha en el carril izquierdo. No imaginaba que segundos después, el
día cambiaría para siempre.
Un hombre de unos 50
años se acercó diciéndole: “— ¡si el que va de acompañante no es Messi, le pego
en el palo!”. Por
esa época, Adrián era fanático de la Play Station y de su “Mechiii”, tal como
relataba esos goles virtuales. Se paró frente a la “chata”, con su vista hacia
adentro y ahí estaba él, mirándolo, como diciendo: “—sí, soy yo”. El gesto de
un pedido de foto fue asentido con su cabeza. El jugador del Barcelona abrió la
puerta de su vehículo, se acomodó en su asiento, recibió un beso en la mejilla
y escuchó: “—dejame sacar una foto con vos que sos mi ídolo en
la Play”. La
estrella rió a carcajadas. El “clic” del celular sonó, la imagen ya estaba
inmortalizada.
El afortunado de esta historia es un vecino
de Las Rosas, podría ser cualquier persona, en cualquier circunstancia pero con
los mismos sentimientos hacia el rosarino que llena de fútbol las canchas de todo
el mundo. ¿Cuál es el motivo de inmensa idolatría hacia un futbolista? ¿Solo
por lo que hace con una pelota en sus pies? La pregunta puede hacerse extensiva
para cantantes o artistas. E incluso por estos días muchos se animan a venerar
a políticos (o política para no generalizar).
Dejemos para otro momento el análisis del
paso amor al odio, que cambia según resultados, circunstancias o declaraciones.
Detengámonos en qué nos lleva a querer en grado de máxima expresión, sin
objetividad alguna, a personas que –por lo general– cobran para hacer lo que
nos “enamora”.
El fanatismo existió desde siempre. Quizás
también el exceso de él. Sin embargo, por estos días es común que esas
adulaciones sean más intensas y efímeras, remplazadas por otras tan intensas y
más efímeras que las anteriores.
Algo cultural ha cambiado, ya no solo es la
ilusión de “sentirse” en la piel del ídolo durante el tiempo en que este
desarrolla sus capacidades. Existen hoy muchos factores, todos los que usted se
imagina o sufre, que nos hacen vivir con estados depresivos o similares. Y ante
la falta de una cura total, se requiere de momentos, fotos temporales que
llenen al cuerpo.
Ser querido produce muchas buenas sensaciones
en el ánimo de uno mismo, incluso puede elevar el ego hasta enfermarnos cuando
el tan debatido “yo” impuesto por Freud llega a niveles superlativos. Sin
embargo, “querer” debe ser uno de los estados más placenteros que se conozcan.
A veces, cuando uno confunde “querer” con pretender hacerse propietario de otra
persona o de algo, puede lastimar y lastimarse, pero no quita lo expresado
anteriormente.
Allí, en el “querer” está, creo yo, la
respuesta de por qué se idolatra tanto a terceros. Pequeñas felicidades se han
instalado desde hace tiempo en reemplazo de aquellas realmente importantes,
cada vez se escuchan menos los elogios a padres y abuelos, como sí lo hacían
ellos a sus padres y a sus abuelos.
Conversando sobre este tema con un amigo, él
aportaba un buen análisis. En la era del 2.0 nos resulta más fácil querer más
allá de nuestros conocidos; la TV, Internet, las nuevas herramientas de
comunicación nos permiten conocer más, y a la vez menos. La tecnología nos
vende fotos de lo bueno y al tiempo de lo malo de una persona, nunca sus
películas completas.
No hay que conformarse con esto, aspiremos a
admirar más a amigos, a familiares. A esos famosos, solo en su cuota justa. No
es la solución, solo un comienzo.
César Negri
Hoy vayamos a YouTube y disfrutemos de un
programa especial de Canal 5 Perú en el año 2010.

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