Pedir disculpas no está muy de moda por estos
tiempos. En las veces que se hace hay que diferenciarlas entre las sinceras y
las falsas. Y si a esos filtros le ponemos “política” de por medio, resultan
ser a cuentagotas. Por ello que en esta oportunidad hay que valorar la actitud
de Claudio Paoli, que en la última sesión del concejo deliberante optó por
redimirse ante un error que, según su consideración, había cometido unos días
atrás. El tema en debate tiene real importancia, pero desde estas líneas trataremos
de analizar lo que la mayoría de los gobernantes nunca hacen; y cuando sí,
suena a hipocresía.
Arranquemos con el pedido de perdón en
general. Es normal que las personas nos equivoquemos; los impulsivos caen a
menudo en el “error”, los reflexivos quizás menos. Muchos por orgullo,
vergüenza o soberbia prefieren mantenerse en ellos aumentando las ofensas, los
insultos y las mentiras. Para limpiar esas “penas” no solo hay que saber
disculparse, primero debe reconocerse la mala acción, aceptarla y comentarla.
Volviendo al hecho en cuestión y vinculándolo
a la política, es innumerable la cantidad de veces que los que participan en
ella cometen un error, y para no mostrar debilidad ante la sociedad incurren en
el mismo hasta niveles peligrosos. El político debe transmitir seguridad a los
vecinos; desde allí se construye poder y con él será más factible llevar a la
realidad cada una de las medidas y proyectos que se prometen.
Actitudes como la mencionada en el encabezado
de esta columna no son frecuentes, tal queda demostrado en el día a día. Por
ello es que debe valorarse y elogiarse la actitud del contador de extracción
peronista. Así y todo deberá ser aprendizaje, para que las “disculpas” sean
menos en el futuro; claro está, no solo él, sino también todas las autoridades
rosenses. Podríamos pedir provinciales y nacionales, pero estaríamos “cortando
ancho” y con resultado casi seguro negativo que nos haría desilusionar.
Hace dos semanas el concejal Ernesto Mansilla
había acercado al cuerpo la inquietud de una familia de la ciudad, que al no
tener respuestas en otros ámbitos lo creyó como última “salvación”. Un hijo de
ella permanece internado por problemas de adicciones en el Instituto “Fazenda
de la Esperanza” en la localidad cordobesa de Deán Funes. Al no poder costear
dicho tratamiento, solicitaba se gestione una asistencia económica para que el
joven pueda finalizarlo. Aquella vez el cuerpo en su conjunto no acompañó la iniciativa.
Reiterado el pedido, en la segunda
oportunidad se recibió la visita de la madre quien explicó el sistema adoptado
por esta ONG nacida en Brasil y con lazos a la Iglesia Católica. Los pacientes
ingresan al instituto por voluntad propia, debiendo escribir una carta
manuscrita donde expresan su voluntad y objetivo; ella es analizada por
profesionales para determinar la firmeza de la intención. Una vez dentro
permanecen aislados de sus familias los primeros meses hasta completar el año,
cuando deben elegir entre continuar trabajando en la “comunidad” o regresar a
su ciudad.
El costo del tratamiento es de 1500 pesos
mensuales, por lo que la familia recibe canastas de productos allí cultivados y
fabricados (escabeches, dulces, rosarios, entre otros) que deben vender para
abonar a la entidad. Tal explicó la madre, el precio de las mercaderías
dificulta su comercialización total, no pudiendo afrontar los pagos.
La simple resolución finalmente aprobada por
unanimidad permitirá al concejal Mansilla canalizar el problema ante el senador
Alberto Crossetti y los ministerios de Salud nacional y provincial. Previo a la
votación fue cuando Paoli se diferenció de sus pares: “Quiero disculparme por
haber votado en contra la otra vez porque no tuve la posibilidad conocer la
realidad que vivían. Por desconocimiento acerca de los productos que debían
vender y el esfuerzo que hacían, reitero mis disculpas. Ahora al conocer más en
profundidad, acompaño con mi voto”.
Para muchos parecerá una tontería; para
quienes pensamos que el reconocer una falla nos habilita a mejorar como
personas, no lo es. No importa que tan lejos en el tiempo fue el error, el
exabrupto, la falta; casi siempre hay tiempo para recomponerlo. Bienvenidos los
que como Claudio Paoli lo hacen. Los que no, la vida se lo recordará a cada
instante y el tiempo será quien ponga las cosas en su debido lugar.
César Negri
Interesante visitar el sitio www.fazenda.org.ar,
que en Las Rosas tiene como voluntarios, entre otros, a la familia Bonifaccio.







